¿Donde estás, quién eres, cuando te veo?
Es una pregunta que nos hacemos muchos cuando nuestro corazón empieza a latir de más o cuando siente que le falta algo.
Nos preguntamos y aun le pedimos a Dios cuando encontraremos a esa persona que nos complementará, cuando lo conoceremos y empezaremos una vida juntos.
Pensaba en estos días en esas cosas del corazón que a muchos nos puede llevar por un torbellino de pasiones y a otros por un tranquilo y cristalino manantial.
Algunos podemos esperar más, mientras que otros se desesperan por ya estar con alguien.
La idea es siempre guardar nuestro corazón y evitar que este se desvíe por un camino por el cual jamás debió ir.
Debemos preguntarnos para qué y porque quiero estar con alguien.
Hace unos días me ponían el ejemplo de como Israel se desvió por 40 años de la tierra prometida, dando vueltas por tanto tiempo sin llegar a un lugar que en realidad les debió tomar solo 11 días, y porque tanta demora? Porque desobedecieron.
La desobediencia hace que vivamos confundidos porque no estamos de acuerdo con Dios y por lo tanto esto desvía nuestro corazón hacia algo o alguien que no es la voluntad de Dios y podemos estar vagando muchos años sin darnos cuenta que no estamos haciendo bien.
Un principio que determinará el rumbo de nuestra vida es guardar nuestros corazones por sobre todo y entregárselo a aquél que sabe que es lo que más nos conviene y lo que es mejor para nosotros.
Todo es un asunto de confianza y querer hacer las cosas a la manera de Dios nos cueste lo que nos cueste.